Una nariz roja, una cara pintada, un peinado extravagante, un vestuario extraño y unos zapatos nada habituales suelen provocar respeto, miedo y lágrimas.
Poder ver como una persona, con simpatía y diversión se va transformando poco a poco en payasa, los más pequeños se van adaptando a la nueva imagen consiguiendo luchar contra el miedo que provoca el payaso visto por sorpresa.
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